"Confesamos a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo; él mismo perfecto en la divinidad y él mismo perfecto en la humanidad... en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación... concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis."

"No basta con devolver solo lo que se quitó, sino que, por la injuria hecha, hay que dar más de lo que se quitó... Así todo el que peca debe devolver a Dios el honor arrebatado. Y esto es la satisfacción" (I, 11).
