Cristología: El Misterio de Jesucristo
Bienvenidos a un recorrido por la comprensión teológica de Jesucristo a través de los siglos. Exploraremos cómo la Iglesia ha profundizado en el misterio de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, desde los primeros concilios hasta nuestros días.
El Concilio de Calcedonia: La Definición Cristológica Fundamental
El Concilio de Calcedonia (451 d.C.) estableció la fórmula cristológica que ha guiado la comprensión de Cristo durante siglos, afirmando que en Jesucristo coexisten dos naturalezas completas:
"Confesamos a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo; él mismo perfecto en la divinidad y él mismo perfecto en la humanidad... en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación... concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis."
Verdadero Dios
Consubstancial con el Padre en cuanto a la divinidad, engendrado antes de los siglos.
Verdadero Hombre
Consubstancial con nosotros en cuanto a la humanidad, engendrado de María Virgen, madre de Dios.
Unión Perfecta
Un solo Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, conservando cada naturaleza su propiedad.
Esta definición cristológica rechazó tanto el monofisismo (una sola naturaleza) como el nestorianismo (división de personas), estableciendo el equilibrio perfecto entre la divinidad y humanidad de Cristo.
Elementos Clave de la Fórmula de Calcedonia
Aceptación de la Cristología Precedente
  • El Hijo es "Uno y el mismo", según Ireneo
  • Verdaderamente Dios y verdaderamente hombre
  • Compuesto de alma racional y cuerpo
  • Consubstancial con nosotros, contra Apolinar y Eutiques
  • Nacido de María, Theotokos (Madre de Dios)
Una Persona y Dos Naturalezas
Afirma la dualidad de naturalezas usando la expresión "en dos naturalezas" (no "de dos naturalezas"), condenando claramente el monofisismo. Las dos naturalezas son "sin confusión" y "sin cambio", conservando cada una su propiedad.
La expresión "una hypóstasis" se añadió a las palabras del Papa León, probablemente de la fórmula de Flaviano. Es importante porque hypóstasis tiene un valor metafísico mayor que prósopon y señala más claramente que la unidad de persona es una unidad ontológica.
Los Concilios de Constantinopla y la Controversia Monoteleta
1
Segundo Concilio de Constantinopla (553)
Subrayó la asimilación entre hypóstasis y prósopon (persona). Afirmó la unión del Dios Verbo con la carne "según composición o según hypóstasis", resultando "una persona de Él, que es el Señor Jesucristo, uno de la santa Trinidad".
2
Controversia Monoteleta
Surgió de intentos de reconciliar a los monofisitas con la ortodoxia. Sergio, Patriarca de Constantinopla, propuso inicialmente el Monoenergismo, que afirmaba una sola energía u operación después de la unión de las naturalezas.
3
Tercer Concilio de Constantinopla (680-681)
Condenó el monotelismo, afirmando que en Cristo hay "dos voluntades naturales y dos operaciones naturales, sin división, sin cambio, sin separación, sin confusión".
El error del Monotelismo consistía en considerar solo la unidad de la persona de Cristo en la operación, entendiendo la voluntad como un impulso que nace de la persona, omitiendo la dualidad de voluntades y operaciones que proviene de la dualidad de naturalezas.
El Tercer Concilio explicó cómo la voluntad humana de Jesús es la voluntad de Dios-Logos, precisamente porque su humanidad es humanidad de Dios, no suprimida sino "más propiamente salvada". Esta aclaración fue decisiva: la humanidad de Jesús no es menos hombre que nosotros, sino más hombre, porque ha sido asumida por Dios como su propia humanidad.
San Agustín y la Cristología Medieval
La Distinción entre Persona y Naturaleza
En su obra De Trinitate (7,6,11), San Agustín propuso que Naturaleza es algo en común, mientras que Persona es algo singular, individual.
Aplicando esto a Cristo, encontró que la unidad de sujeto en él no es resultado de la síntesis de dos naturalezas (divina y humana), sino que reside en la persona preexistente del Verbo, quien asume la naturaleza humana de Jesús en la unidad de su Persona.
La Comparación Alma-Cuerpo
"Así como en una persona el alma se une al cuerpo para ser hombre, así en la unidad de la persona de Dios, se une al hombre para ser Cristo. En la persona humana hay la unión del alma con el cuerpo, en la persona divina hay la unión de Dios con el hombre" (Ep 17,11).
La Mediación de Cristo
La afirmación de que el Hijo de Dios se hizo hombre para mediar entre Dios y los hombres (Enchiridion 28,108) es recurrente en San Agustín. Su cita más frecuente es 1 Tim 2,5: "hay un mediador entre Dios y los hombres, Jesús Cristo".
Con San Agustín se inicia una inversión de perspectivas que se consolidará en el Medievo: el paso de un enfoque soteriológico (centrado en la salvación) a uno ontológico (centrado en el ser de Cristo).
La Inversión de Perspectivas en la Cristología Medieval
Durante la Edad Media se produjo un cambio fundamental en el enfoque cristológico: la separación entre Cristología (estudio de la persona de Cristo) y Soteriología (estudio de la salvación).
Patrística
Enfoque soteriológico: Cristo es estudiado principalmente en función de la salvación que trae al hombre.
Medievo
Enfoque ontológico: Cristo es estudiado "en sí mismo", independientemente de su obra salvadora.
Consecuencias
La especulación se centró en "cómo es Dios", más que en "cómo ha sido su amor hacia nosotros".
Esta separación formal entre Cristología y Soteriología tendría profundas consecuencias. La ontología suplantó a la economía de la salvación. Una obra clave que marcó este cambio fue el Cur Deus Homo (Por qué Dios se hizo hombre) de San Anselmo de Canterbury (1035-1109), considerado el primer gran filósofo y teólogo de la Escolástica.
La Doctrina de la Satisfacción de San Anselmo
La Obra "Cur Deus Homo"
En esta obra, San Anselmo intentó probar, por el uso puro de la razón, que sin Cristo ningún hombre puede salvarse. Su pensamiento se mantuvo en el campo especulativo, sin citar a los Padres de la Iglesia y acudiendo a la Escritura solo para descartar objeciones.
"No basta con devolver solo lo que se quitó, sino que, por la injuria hecha, hay que dar más de lo que se quitó... Así todo el que peca debe devolver a Dios el honor arrebatado. Y esto es la satisfacción" (I, 11).
Necesidad de Satisfacción
Para que Dios perdone al hombre, la satisfacción es insustituible; sin ella, el desorden introducido por el pecado se mantendría.
Incapacidad Humana
El hombre no puede ofrecer satisfacción adecuada porque todo lo debe a Dios como criatura, y porque su ofrecimiento nunca tendría magnitud infinita.
Solución: El Dios-Hombre
"Si la ciudad futura ha de estar integrada por hombres, y si esto no es posible a menos que haya satisfacción por el pecado, y si ésta sólo puede darla Dios y debe darla solamente el hombre, será preciso que la lleve a cabo el Dios-hombre" (II,6).
La muerte de Cristo, libremente realizada, es infinitamente meritoria, y Dios debe recompensarla. Como Jesucristo no necesita méritos propios, puede traspasar sus méritos a otros (los seres humanos).
Crítica a la Explicación Anselmiana
La teoría de la satisfacción de San Anselmo, aunque influyente, presenta importantes limitaciones teológicas:
Separación entre Persona y Obra
La separación entre Cristología y Soteriología llevó a una separación entre la persona y la obra de Cristo, y entre su vida (Encarnación) y su muerte (Resurrección). La muerte de Jesús apareció como la única acción redentora.
Pérdida del Valor de la Encarnación
Esto causó la pérdida del relieve teológico de la Encarnación, que para la Tradición era un acto salvador en sí mismo, y el desconocimiento del valor soteriológico de la Resurrección.
Marginación del Padre
Lo más grave fue la marginación de Dios Padre de la obra redentora. En Anselmo, el Padre no es origen de la salvación (como en el Nuevo Testamento), sino un obstáculo que hay que aplacar.
El Lenguaje del Nuevo Testamento sobre la Satisfacción
Al examinar términos griegos como Hilasmos (propiciación), Lytrosis (redención) y Agoradso (precio pagado), se observa que el Nuevo Testamento no apoya la idea de una acción salvadora onerosa dirigida a aplacar a Dios.
Por ejemplo, hilasmos no describe una acción dirigida a Dios para aplacarlo, sino una acción realizada por Dios para purificar o rehacer lo deshecho por el pecado. La sangre de Cristo es como la del Cordero Pascual, que no era un precio sino símbolo de vida entregada.
La Cristología de Santo Tomás de Aquino
Con Santo Tomás, la inversión de perspectivas del Medievo se consolidó como el orden oficial de la Teología. En su Summa Theologicae, toca el tema de Cristo en la tercera parte, después de tratar sobre Dios y el hombre.
Estructura de la Summa
  1. Primera parte: La esencia divina, la Trinidad y la procedencia de las criaturas
  1. Segunda parte: El hombre como criatura racional moviéndose hacia Dios
  1. Tercera parte: Cristo como el camino para llegar a Dios
El orden de la obra está basado en el Ser (orden ontológico), dando máxima prioridad a la esencia divina y la Trinidad. Para los Padres, Cristo daba la posibilidad de reflexionar sobre la Trinidad; para Santo Tomás, el conocimiento de la Trinidad posibilita la reflexión teológica sobre Cristo.
El "Instrumentum Coniunctum Divinitatis"
Santo Tomás describe la humanidad de Cristo como un "instrumentum coniunctum divinitatis" (instrumento conjunto de la divinidad), con dos correcciones importantes:
Intrinsicidad
Se trata de un instrumento que forma parte del ser del agente, como una mano es parte de la persona; es actuada y actúa a la vez.
Libertad
En Jesús, es un instrumento no solo intrínseco sino también libre, un caso único posible cuando el que mueve es el amor, que mueve libremente.
Esta idea permite subrayar la humanidad de Jesús sin contraponerla a Dios, poniéndola a su servicio con "exactitud y novedad", lo más típico de la enseñanza calcedonense.
La Reacción Cristológica de Lutero
La vida de Martín Lutero (1483-1546) se caracterizó por una profunda vivencia religiosa. Su teología surgió vinculada a su situación personal, enfatizando que la teología debía "aprovechar", es decir, que la letra de los dogmas debía vivirse con fe.
1
Teología de la Gloria vs. Teología de la Cruz
Lutero distinguió entre dos formas de teología: la Teología de la Gloria (equivalente a la Católica de entonces) y la Teología de la Cruz. "Teólogo no es aquel que contempla lo inaccesible de Dios descubriéndolo en la creación" (tesis 19), "sino aquel que descubre las huellas visibles de Dios al contemplar el dolor y la cruz" (tesis 20).
2
Cristología del Intercambio
Para Lutero, lo fundamental es que Cristo asume nuestro pecado, recibiendo nuestro castigo, y nos aplica su justicia mediante la fe. Al sustituir la asunción de nuestra humanidad por la asunción de nuestro pecado, se mantienen dos personas que intercambian situación, pero sin verdadera comunión del hombre con Dios.
Lutero es considerado padre de la época moderna porque para él, la importancia de Cristo es funcional, en función del hombre y su salvación. La Cristología luterana es funcional, con menor preocupación por la naturaleza de Cristo, importándole solo en función de su conveniencia.
En las derivaciones racionalistas del protestantismo, Cristo es contemplado en función del hombre, reduciendo la Cristología a una antropología religiosa. Lo divino se condiciona a los intereses humanos.
El Cristo de los Racionalistas
Durante los siglos XVIII y XIX, diversos pensadores racionalistas reinterpretaron la figura de Cristo desde perspectivas filosóficas que cuestionaban su divinidad:
1
S. H. Reimarus
Planteó radicalmente el problema del Jesús histórico y las premisas del Cristo de la fe. En él aparecen rasgos de la "Teología de la Sospecha", que somete las afirmaciones de fe a la sospecha de los intereses de la Iglesia.
2
Emmanuel Kant
Consideraba que si Jesús fuera Dios, sería imposible imitarlo. La fe en Jesucristo debe consistir en mantenerse firme ante tentaciones y sufrimientos, unido al modelo de humanidad perfecta que es Jesús, siguiendo su ejemplo.
3
Strauss
Se entusiasmó con el concepto del mito como explicación del fenómeno religioso. Para Strauss, el mito evangélico es una narración sobre Jesús, no un hecho, sino una interpretación imaginativa.
Durante el siglo XIX, muchos autores liberales (y algunos no creyentes) escribieron vidas de Jesús, representándolo como un reformador moral o un maestro de la sabiduría. Usaron datos históricos para atacar la dualidad divina y humana de Jesucristo.
Esta corriente racionalista preparó el terreno para la crisis modernista y los debates cristológicos del siglo XX.
El Giro Antropocéntrico de la Cristología
La modernidad trajo consigo un cambio fundamental en la perspectiva filosófica y teológica, con importantes consecuencias para la cristología:
El "Cogito Ergo Sum" de Descartes
René Descartes (1596-1650), con su principio "pienso, luego existo", inició un giro antropocéntrico que cambió radicalmente el modo de hacer teología, invirtiendo el axioma agustiniano "creer para entender" en un "si crees, no puedes entender".
Ciencia y Relatividad
La Teoría General de la Relatividad de Albert Einstein (1905) rehabilitó el valor del observador y demostró la no existencia de márgenes absolutos en tiempo y espacio, cuestionando la visión mecanicista del universo.
Darwin y Teilhard de Chardin
La teoría de la evolución de Darwin y su posterior interpretación teológica por Teilhard de Chardin, quien reconoció a Cristo como el motivo intrínseco y fin de la evolución histórico-cósmica.
Actualmente, el estudio de la Cristología debe elegir entre diversas corrientes filosóficas: analítica, existencialismo, idealismo, neotomismo, fenomenología, hermenéutica filosófica, pragmatismo, filosofía trascendental, etc. La influencia del idealismo de Federico Hegel sigue presente en cristólogos renombrados como Urs von Balthasar, Eberhard Jungel, Jurgen Moltmann y Wolfhart Pannenberg.
Problemas Cristológicos Contemporáneos
La Humanidad de Cristo y la Hipóstasis
Calcedonia dictaminó que en Cristo coexisten dos naturalezas: una humana perfecta y una divina consustancial a Dios. Surge la cuestión: Si su humanidad es plena e independiente, ¿cómo puede decirse que es un ser humano perfecto si carece de hypóstasis (subsistencia) humana, al tenerla divina?
Escuela Tomista
Para ellos, a la humanidad de Cristo no le faltaba nada esencial, solo tener una existencia humana propia, porque en su lugar, tenía la existencia propia del Hijo de Dios. Así, Jesús tiene una esencia humana y una existencia divina.
Escuela Escotista
Opinaron que a la humanidad de Jesús no le falta absolutamente nada; por el contrario, le "sobra" el haber sido asumida por Dios. Jesús tiene una esencia humana y una subsistencia humana, pero carece de independencia al estar asumida por Dios.
Escuela Jesuita
Intentó conciliar las dos anteriores con su teoría de los "modos". Definió la "personalidad" como un "modo físico de subsistencia" que completa la naturaleza.
Los teólogos modernos coinciden en que ninguna de las tres teorías menoscaba la realidad de la plenitud humana y divina de Jesús, al igual que Calcedonia.
El Sujeto de la Encarnación y la Ciencia Humana de Cristo
El Sujeto de la Encarnación
La teología medieval, influenciada por Aristóteles, intentó determinar por qué se encarnó el Hijo y no el Padre o el Espíritu Santo. Si la Encarnación fue obra de lo que las tres Personas tienen en común (su naturaleza divina), entonces deja de ser hecha por una sola Persona para serlo por la unidad de Dios.
Esto difiere de lo que enseña la Revelación: el Hijo es "lo visible del Padre", "Dios con nosotros". Por medio del Espíritu, el Hijo nos une al Padre; el Espíritu es vínculo de unión entre el Padre y el Hijo, y de nosotros con el Padre, y entre los humanos.
La Ciencia Humana de Cristo
Uno de los mayores problemas teológicos ha sido precisar el conocimiento de Cristo sobre el futuro. La conclusión medieval fue que, debido a su doble naturaleza, debían existir en él dos conocimientos: uno divino y otro humano.
Desde el siglo XIX, los teólogos reconocen una experiencia fundamental y primaria de sí mismo, donde Jesús se sabe unido al Padre con una intimidad total. Esta experiencia fundamental de su cercanía a Dios es la que se traduce en su conciencia plena de ser el Hijo de Dios.
Los teólogos contemporáneos no pueden negar la pretensión de Jesús de una excepcional cercanía con Dios ni su papel particular como anunciador e instalador del Reino, pero tampoco pueden desconocer la validez de la exégesis que hace probable la ignorancia o errores de Jesús en ciertos aspectos humanos.
Jesús, el Redentor del Mundo: Modelos de Redención
Para hablar de Cristo como redentor, es necesario tipificar la condición humana necesitada de salvación, el misterio del mal, sufrimiento y pecado.
Liberación
Los cristianos reconocen en la Redención la liberación de una "opresión desde fuera". El Nuevo Testamento habla de la victoria decisiva de Cristo sobre el mal: "Yo he vencido al mundo" (Jn 16, 33).
Sacrificio
En su vida, muerte y resurrección, Cristo actuó como sacerdote y víctima, ofreciendo un sacrificio que expió los pecados y trajo una nueva relación de alianza entre Dios y los seres humanos (Mc 14, 24; Jn 1, 29,36).
Amor
El destino de Jesús revela el más generoso sacrificio del "mejor", no la supervivencia victoriosa del "más apto". En la muerte obediente y amante del Dios humanizado, se cumple la perfecta reparación del pecado.
Lo que nos salva no es simplemente el ser humano de Dios, sino el querer humano de Dios, una intuición teológica atribuida a San Máximo el Confesor. La divinidad de Cristo, más que suprimir su voluntad humana, la salvaguardaba.
Este verdadero Redentor se distingue de los falsos imitadores porque solo él se da y ofrece totalmente, aceptando la muerte por amor. Los méritos y la satisfacción realizan una "gesta inversa" al pecado, restaurando la Gloria Divina.
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